Senderismo Asturias: Cofiño – El Bustacu – Cofiño

Llevaba ya unos días pegado a la pantalla del ordenador acabando la nueva página y llego un momento en que ya no conseguía avanzar nada, no se me ocurría que textos meter y estaba cansado de meter fotos y visitar páginas y más páginas. Así que aprovenchando que hacia sol y que teníamos una temperatura estupenda para el mes de noviembre, cogí la mochila y los bastones y me fui solo a esparcer un poco y despejar la cabeza.

Como ya era relativamente tarde (11 am) y no tenia muy claro la evolución del día me decidí por una ruta que estuviese cerca de Arriondas, y no tuviese que conducir mucho. En principio me había decidido a subir al Picu Pienzu, la cumbre de la Cordillera del Sueve. Pero como no tenia muchas ganas de caminar mucho decidí salir de Cofiño dirección a la cumbre y luego por el camino decidir.

Cofiño es un pueblo curioso, el nombre viene del latín Confinun, que era como los romanos llamaban al típico pueblo que está en el quinto pino. Hasta aquí habían venido los romanos para conseguir los famosos caballos asturcones, y la cosa debió de ser sería ya que construyeron una calzada y todo. Esta calzada iba a ser mi guía de hoy.

Para empezar la ruta lo mejor es dejar el coche en el pueblo, a la entrada hay un panel informativo que nos va a dar una buena idea de la ruta que vamos a hacer, además aporta un poco de información histórica del pueblo y datos como altura, distancia, tiempos… Desde este panel nos adentramos en el pueblo y lo atravesamos hacia arriba intentado llegar a la parte más alta, desde donde podremos disfrutar de unas vistas impresionantes del valle del Sella, Arriondas, Cangas de Onísy los Picos de Europa al fondo. La ultima casa del pueblo es un impresionante palacio típico asturiano, no pude encontrar información sobre el así que cualquiera que sepa algo de ese palacio que por favor nos ilumine.

Una vez dejamos atrás Cofiño, empezamos la ruta de verdad adentrándonos en un bosque mezcla de castaños y eucaliptos. La ruta al principio no está muy clara pero si seguimos las señales puestas por el organismo de la Comarca del Sueveno hay ningún problema. Poco a poco vamos ganando altura y dejamos atrás el bosque para empezar a ver una especie de empedrado en muy mal estado que se mezcla con la tierra y el barro. Aquí me encontré con tres trabajadores que estaban desbrozando el camino para hacerlo un p

oco más transitable, tuve que hacerles señales para que me vieran y me dejasen pasar. Hablé un poco con el ultimo de ellos: hola que tal? vaya día más guapu… el paisano era portugués así que la conversación duró poco.

Yo seguí mi camino y ya empecé a ver el empedrado original de la calzada romana.  La verdad que cuando uno camina por estas calzadas no puede dejar de pensar en dos cosas: la primera es que ese empedrado lleva casi dos mil años hay puesto y sigue igual, bueno más o menos pero sigue y la segundo que piensas es en como sería la vida en aquellos tiempos, y uno no puede dejar de imaginarse legionarios romanos, asturcones, espadas… Pero bueno, vamos a caminar y dejarnos de historias que sino no llegamos a ningún sitio. Al cabo de un ratín decidí descansar en una especie de corte en la montaña de donde salia una fuente, como había hecho una foto al panel informativo me enteré de que esa era la fuente de la Longaniza (curioso nombre). Más adelante pude ver uno  de los mejores tramos de la calzada y a  ambos lados de esta se podía observar como los contructores habían literalmente cortado la roca de la montaña en dos trozos y la calzada por el medio. Para poder hacer esto sin maquinaria moderna los romanos habían inventado un sistema por el que quemaban la piedra y luego añadían vinagre, deshaciendo y rompiendo la roca con facilidad.

El camino continua y parece que nos adentramos en un pequeño bosque de rivera, hemos llegado al Arroyo de la Corteguera. Se trata de un pequeño riachuelo de aguas cristalinas, en la parte que queda por debajo suena ruido de un salto de agua importante, aunque la espesa vegetación no te deja ver nada. La calzada, que ya a perdido todo el aspecto original discurre ahora pegada al río y no tuve más remedio que hacer otra para de descanso para disfrutar un poco del murmullo del agua y de los pájaros que abundan en este tipo de bosques.

Continuando de nuevo la marcha y después de unas pequeñas subidas con barro llegamos a la Majada del Bustacu, es un sitio muy tranquilo donde siempre hay caballos y vacas, los caballos eran prácticamente todos percherones excepto una asturcona que estaba paciendo tranquilamente. Recordando los tiempo en los que tuve caballos intenté acercarme un poco , pero estos caballos que están solos todo el día no suelen dejarse coger fácilmente y como estaban muy tranquilos antes de llegar yo tampoco insistí.

Aquí en la majada decidí que ya no subía más, que por hoy ya estaba bien. En una antigua cabaña de pastores en ruinas me quede a contemplar a los caballos y a comer unas galletas saladas y una chocolatina para empezar mi regreso a Cofiño. Pero en este punto decidí que tenia que ir por otro lado, así que me asomé a la parte sur de la majada para ver si podía encontrar otro camino para llegar a mi coche. Las vistas desde aquí con impresionantes, empezando por la izquierda se puede ver la mar y Ribadesella en una esquina, luego va el valle del Sella, Arriondas, detrás a lo lejos Cangas de Onís y siguiendo hacia la derecha todo el valle del Piloña dirección Infiesto. Como había un día despejado se podía ver perfectamente todo el contorno de los Picos de Europa, así como el Picu Pierzu, el Tia Tordos y Cetín, esta ultima se distingue fácilmente por su forma de mesa, luego los montes de Piloña y supongo que detrás de todo esto el Parque de Redes, aunque para esto se necesita un poco de imaginación.

A mis pies tenía una cuesta abajo ligeramente pronunciada, y al final de esta cuesta se podían ver tramos de la carretera que sube al Fitu, así que ya tenía en la cabeza por donde iba a regresar, trazaría una linea recta hacia abajo hasta encontrar la carretera y luego hasta el coche. El problema era que la linea recta que había trazado atravesaba un mar de cotollas y matorrales que no estaba muy claro. Estuve aquí decidiendo por donde ir y recordé una cosa que me dijo mi padre una vez de viaje, “los problemas hay que solucionarlos cuando llegues a ellos” en referencia a que muchas veces hacemos un montón de problemas en la cabeza y luego cuando llegas al sitio en realidad no hay nada. Así que enfoque hacia un bosque de pinos y me puse a bajar. Al principio parecía imposible, pero a medida que me iba metiendo entre las cotollas podías ver pequeños senderos, seguramente utilizados por las vacas, que hacia que fuese relativamente fácil bajar. Lo único que me dio un poco de cosa fue que de repente me puse a pensar que me podía aparecer un jabalí, y la verdad es que el sitio era perfecto, porque apenas podías ver unos metros por delante tuyo debido al tamaño y espesor de los matorrales. Pero para evitar este problema decidí ir haciendo más ruido que una legión romana y así de esta forma por lo menos avisar de mi presencia.

La parte del bosque fue un pequeño regalo  a mi osadía, se notaba que era un bosque por el que prácticamente no pasaba nadie, y con el sol atravesando las ramas pude sacar algunas fotos pasables. Una vez dentro del bosque, los matorrales desaparecen y se puede caminar con facilidad y decidí no bajar hasta la carretera sino continuar de lado buscando Cofiño. Y para mi alegría no solo encontré el camino de vuelta sino también un hermoso bosque de castaños, pero castaños de los grandes, de los que trajeron aquellos romanos que buscaban asturcones y caminando-caminando llegué finalmente de vuelta a Cofiño.

En total la excursión duró unas 3 horas y aunque no llegue a subir a la cumbre si cumplí la misión que tenia que era despejar un poco y volver al trabajo con la mente fresca y lista para otra sesión de ordenador, y aquí está el resultado, espero que os haya gustado.

DEJE UN COMENTARIO

12 − cuatro =